
Arde el segundo que te pronuncia,
el abrazo del reecuentro,
la sabia palabra que quebró hielos.
Arden las ideas que asesinan compañías,
que buscan quebrantar la unión armónica y profunda.
Arde la mirada del que busca lo ajeno,
arde el sentimiento que alejaba las almas al abismo.
Arde el camino en el cual te marchaste,
el portazo que cerro sueños y adulaciones.
Arde el instinto asesino y descarado,
los minutos que no me encontraban a tu lado.
Arde el bandoneón que gritaba tristezas,
las cartas que nunca se escribieron, ni se entregan.
Arden las broncas,
la herida que derrama resentimientos impuros.
Arde el mísero y sádico infierno,
arde la noche sin compañía,
Tú estás aquí, todo arde.
Y yo inundado en tu fuego,
que abraza y eleva mi alma.
El Ser Bohemio
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